Historias eroticas Historias y relatos eroticos

17sep/100

Las fotos de mi esposa en Lenceria y desnuda 3

Mi esposa y yo vamos en nuestro automóvil sobre
la autopista Ixtlahuaca-Toluca, en el Estado de México.  Yo, Ernesto, manejo a
una velocidad moderada, pues el día se ha mantenido con una lluvia intermitente
y lo menos que deseo es un accidente. Veo de reojo como Miriam se desprende de
las zapatillas de tacón alto, las medias y el liguero, dejándose la tanga que no
atina a quitarse por estar bien anudada. Se desprende el sostén café de un
movimiento y queda semi desnuda en el asiento del copiloto. No tiene prisa por
cubrirse, sabe que la lluvia es una excelente cortina y sinceramente no creo que
le preocupe, la vean. Hace un par de horas seis hombres la han visto en lencería
y desnuda, y tal vez, todo un grupo estudiantil que estaba de excursión.
Mi esposa se coloca su atuendo deportivo 
ajustándose las calcetas y  los tenis. Dentro de algunos minutos tendremos un
compromiso familiar y preferimos mantener las apariencias ocultando nuestra
doble vida. Un cambio efectivo de mujer excitante a desapercibida. Así es mejor
para todos. Pasados 40 minutos nos encontramos con caras conocidas. Miriam no se
ha dado cuenta pero la tanga cuelga muy cerca del bolsillo del pantalón 
mientras charla con su tía. Me acerco y tomo la prenda con  discreción,
guardándola en mí chaqueta. La tanga "rebelde" que no quiso caer hace horas, no
pudo elegir peor momento para desprenderse de su dueña. Por fortuna, nadie se
percata de lo sucedido. La reunión familiar trascurre con rapidez y nos
retiramos a nuestra casa. En el trascurso del día he tenido varias erecciones  y
no veo la hora de llegar, abrirle las piernas a Miriam y cogérmela. No quiero
hacerle el amor, solo tener sexo. Sí, mis ganas son muchas.
Llegamos a casa con dos cámaras fotográficas
digitales con las pilas agotadas y cientos de fotos. Hemos cumplido un proyecto
que nos llevo dos años completarlo. Una sesión de fotos en exteriores, esto es,
fuera de una habitación o una casa, con Miriam de protagonista en lencería y
desnuda y con la participación de varios hombres.
Esta es la historia de la sesión fotográfica: el
porqué y el cómo. No es un relato corto, pues la experiencia ha sido extensa e
incluimos fotos que la ilustran.   Si lo que buscan es erotismo, esperamos no
decepcionarlos.
Nosotros somos un matrimonio con más de 15 años
de relación.  Hemos ido descubriéndonos como pareja y dado la oportunidad de
jugar entre nosotros, así como proponer e incluir a otras personas en nuestra
sexualidad. No podemos decir que esto sucedió de un día a otro pues el proceso
empezó hace  varios años y hasta la fecha, continúa.
Desde el inicio de nuestra relación el sexo fue
importante y lo disfrutábamos bastante en pareja.  Como matrimonio  asistíamos a
reuniones sociales desde las típicas de empresa hasta las más intimas, del
círculo de amigos. Miriam acudía con  minifaldas  breves, súper ajustadas,
zapatillas altas y una blusa que más que cubrir, descubría. La respuesta fue
siempre la misma: hombres sonrientes y agradecidos de ver a una excitante mujer
y esposas y novias  enfadadas por la seguridad y vestimenta de mi pareja.
Eran nuestros primeros juegos voyerista –
exhibicionista. Ella se exhibía y yo miraba.  Otros ojos la veían y  se sabía 
mas  deseada. La idea de un trío no estaba en nuestros planes y Miriam nunca se
inmiscuyó con otro.
Como la aventura sexual nos atraía, buscamos
parejas con las mismas inquietudes. De esa manera, nos encontramos con el
swinger o intercambio de parejas.
El aprender las reglas del SW (swinger) y
aplicarlas, nos  llevó algunos años. Tomamos el aprendizaje a nuestro paso y sin
indecisiones. Leímos desde los reportes de Alfred Kinsey y Shere Hite hasta los
consejos de la Dra. Sonia Michaus en la revista “Tu Mejor Maestra” que se edita
en México, sin faltar los relatos en Internet de parejas.  Leímos, no para
justificar nuestros actos, (si ellos lo hacen, nosotros también) sino como un
medio de cómo y cuándo hacerlo. Desde un principio, por intuición, sabíamos que
el intercambio de parejas es correcto y no tiene nada de reprobable. Al leer
sobre sexualidad, lo corroboramos.
Hicimos, cuando ambos estuvimos preparados, el
primer intercambio. Y un par de años pasó para que se diera el segundo. Dos
amigas de Miriam nos dieron la oportunidad de participar en nuestro primer y
segundo trió MHM. Nos conocimos más como pareja e individualmente. Comprendimos
con  certeza que éramos dueños de nuestra sexualidad y podíamos hacer lo que nos
produjera placer por el gusto de disfrutar del sexo sin culpa. Cambio nuestra
perspectiva. Y como lo menciona Alfred Kinsey, la sexualidad es propensa a
cambiar con el tiempo.
Llego nuestro momento en el cual quisimos incluir
a hombres solos en un proyecto simple: una sesión de fotos en exteriores, con
Miriam de modelo en lencería y desnuda.
Éste tuvo una buena aceptación en los varones por
la cantidad de mails que nos llegaron, junto a una enorme decepción. Solo un
hombre de cada cincuenta entendía la propuesta. Los cuarenta y nueve restantes,
iban de la candidez hasta la idiotez absoluta. (Leer el primer relato: sesión de
fotos a mi esposa que se encuentra en:

http://todorelatos.com/relato/62372/  Quedamos desilusionados dejando la
sesión y los hombres solos para mejor ocasión.
¿Por qué una sesión fotográfica? Los motivos son
varios pero todo se enfoca a la sensualidad. Primeramente a mí, Ernesto, me
agrada la fotografía que además de técnica, es arte. Segundo: Me gusta  tomarle
fotos a Miriam. Cada quien tiene su concepto de belleza y para mi, mi mujer lo
cumple. Ella al principio no lo entendía, amen de que no se considera
fotogénica, pero con dialogo comprendió que como pareja nos debemos comprensión
y evolución. El estancamiento en lo sexual termina en infidelidad o frustración
y no porque yo lo diga y sea sentencia, sino porque en el trascurso de varios
años y al hablar con infinidad de personas lo hemos comprobado. Por supuesto, 
no deseaba eso para nuestra relación.  Tercero: Solo un número muy reducido de
personas puede tener sexo frente a otros sin cohibirse ya sea en trío  o en
inter.  Si, también lo decimos por experiencia.
Una sesión fotográfica es una actividad que nos
permite ir desde  la toma de fotos, pasando por voyerismo-exhibicionismo,
tocamientos, complicidades, seducciones, hasta el completo acto sexual. Nos da
el tiempo suficiente para conocer a las personas. Además, a los participantes no
les prometemos contacto sexual forzoso. Nos libra a ellos y a nosotros de la
presión,  que necesariamente se tenga que dar. A cambio, nos queda la agradable
sensación de que puede suceder si los involucrados lo desean o se da de forma
espontanea. Desde nuestro punto de vista, una sesión fotográfica con una pareja
es una iniciación sin traumas, al paso, que puede desembocar en un trío o un
intercambio si se sabe jugar. Para una gran mayoría, una sesión de fotos no es
nada. Para el que entiende la magnitud de algo como esto, es la llave a la
intimidad de una pareja.
Y como lo mencioné anteriormente, nos olvidamos
de la sesión por un buen tiempo.
Por cuestiones de negocios conocí a Martin y
durante dos años  charlamos hasta que nos hicimos amigos. La plática ahora ya no
era exclusiva de contratos sino tocaba temas íntimos. Martín se mostró como un
hombre de mentalidad abierta y habló sin ambages su modo de ver el sexo. Conocí
sus realidades y sus fantasías que de algún modo, encajaban con mis ideas. Para
corresponder a sus confidencias le comenté que deseaba hacerle unas fotos a mi
mujer en ropa interior y desnuda con varios hombres de
espectadores/colaboradores sin riesgos para ninguno de los involucrados. Solo
eso: una sesión de fotos. Me miro sorprendido, alabó mi audacia y  dijo que en
un mes  me daría una opción. Yo, dadas mis experiencias, no le creí.
Al mes nos reunimos para comer. Me platico que
estaba a cargo de un grupo de trabajadores y que había hablado con ellos de la
sesión de fotos pidiéndoles su cooperación. Sus compañeros aceptaron de
inmediato pero le hicieron notar que no le creían del todo, es decir, no creían
que una pareja pudiera permitirse una actividad de ese tipo. Martin les aseguro
que era un compromiso real. Hable con Miriam y por vez primera le comente de la
realización del proyecto. Tampoco se entusiasmo.  Estaba curada de escepticismo.
Una semana después nos reunimos Martin, Miriam y
yo. Mi mujer y él no se conocían físicamente pero una charla llena de risas
disipó el inconveniente. Vi la discreta mirada de mi amigo perderse en medio de
los muslos de mi esposa tratando de adivinar si llevaba o no ropa interior (no
llevaba) mientras le explicaba las reglas: solo yo podía tomar las fotos, no
podían tocar a Miriam si ella no lo pedía o yo lo solicitaba y nada de
vulgaridades. Aceptó  y nos ofreció la mayor seguridad y corrección de él y sus
amigos.  Mi esposa fue al baño y al minuto llego un mensaje por mi celular:
Martín me inspira confianza. Hagamos la sesión. Miriam.
Martin tomo la sesión como un proyecto
importante. Buscó por algunas semanas sitios adecuados para la toma de
fotografías comunicándose constantemente para decirnos los avances.  Nos propuso
un parque eco turístico como mejor opción y aceptamos. Creo fue el momento
cuando mi esposa y yo atisbamos que la sesión de fotos podía darse. 
Y sí. Llegó el gran día.
Nos encontramos con Martin y su grupo de amigos 
a las 10 de la mañana en el  puente Ixtlahuaca – Jilotepec en el Estado de
México y de inmediato  partimos hacia el parque. Miriam vestía pantalón y
chaqueta deportivos, pues estaba lloviendo en intermitencia desde la madrugada y
no estábamos seguros de que la sesión se llevara a cabo por lo inclemente del
tiempo. De ahí que los muchachos se desilusionaron cuando Miriam descendió del
vehículo, pues esperaban a una  mujer vestida sexy, aquella que Martín tantas
ocasiones les describió. (Únicamente Martín conocía a Miriam)  Después de las
presentaciones recorrimos el parque eco turístico buscando sitios adecuados para
la sesión fotográfica mientras los hombres miraban discretamente a mi mujer. En
el camino   encontramos estudiantes universitarios que se encontraban de
excursión y que en adelante trataríamos de evitar por cautela.
Al poco tiempo, llegamos a un sitio que nos gustó
porque el pasto se veía como alfombra mullida y una presa rebosante de agua,
como fondo.
En los días previos a la sesión yo seleccioné la
ropa de Miriam para cinco cambios de vestuario, pues conociéndola, ella habría
elegido algo mas  recatado.  Ella es feliz en su papel de mujer conservadora y
yo en el papel de pervertido.
Esta fue mi lista:
1.- Minifalda y blusa  2.-Vestido trasparente
color humo 3.-Bata blanca 4.-Camison de gasa 5.-Vestido de espalda descubierta
además de un juego de medias con liguero blanco, un juego de medias con liguero
negro, tres juegos de tanga y sostén en colores negro, blanco y café y dos pares
de zapatillas de tacón de aguja, negro y blanco. Eso nos permitiría diversidad
para las fotos.
Le pedí a Miriam se colocara el vestido
trasparente color humo. La idea de la mini y blusa no me agradó porque 
disponíamos de poco tiempo por las condiciones del clima o tal vez gano mi
ansiedad de verla expuesta a otras miradas.  En el parque tuvo que cambiar de
vestimenta entre los árboles mientras el grupo se retiraba algunos metros para
darle  privacidad. Mientras, encendí la cámara fotográfica y me dispuse a tomar
la primera foto.  Miriam terminó de cambiarse y llamé a Martin para que la
ayudara a caminar por el césped por la dificultad que conllevan las zapatillas
de tacón delgado, tomándola de la mano para presentarla  al grupo con su nuevo
atuendo.
Sentí que mi mujer salía de nuestra intimidad, 
de ella y mía, para entregarse a otras sensaciones.  La esposa y la amante
asentadas en Miriam partían de mi fiel admiración, deseo y cuidado, a la
aventura. Entre Miriam y yo ya no hubo una mirada a modo de despedida. Esta ya
estaba dada cuando llegamos al parque. Miriam era, a partir de ese momento, solo
una amiga.

Los muchachos cambiaron en un segundo sus caras
aburridas por un gesto de sorpresa.  No esperaban un cambio tan radical y no
dejaban de mirarla.  Miriam no se apenó por ello, al contrario, dejo que la
admiraran y se tendió en el pasto boca abajo.  El mensaje que les envió fue
claro: Miren lo que gusten, para eso vine.
Su juego favorito, mostrase, había comenzado.
Desde mi perspectiva, podía ver la piel de Miriam
a través del vestido por lo trasparente de la tela así como su sostén y tanga.
Se veía pasiva, indefensa, inocente y muy puta.
Así te quiero, fluida y sucesiva,
manantial tú de ti, agua furtiva,
música para el tacto perezosa.
                         Gerardo Diego
Mi mujer ofrecía su cuerpo a otros ojos y
viéndola tuve mi primera erección. Me aleje un poco del grupo para que los demás
no se percataran y al mismo tiempo, la observaran a su antojo.  Uno de ellos
comentó con Martin: ¿es en serio lo de las fotos? Si, aún no lo creía. Por lo
menos al incrédulo, la realidad llego en ese instante.

Les pedí a dos hombres se colocaran a los
costados de Miriam y la tomaran de la cintura mientras un tercero se postraba.
Ellos la abrazaron ocasionando la risa de Miriam, ya que es muy cosquilluda y
eso libero la tensión del primer contacto. Subió un pie sobre la espalda del
tercero pero el largo del vestido lo impedía así que solicité enrollaran el
vestido a la cintura para que se apreciara más la desnudez de mi mujer. Se veía
terriblemente sexy. Me pregunte: Si hubiera otro fotógrafo en la parte posterior
¿Qué vería? “Congele “a los cuatro  y fui a corroborar. Efectivamente, las manos
de ellos estaban en la cintura de ella y las nalgas de Miriam se apreciaban
ricas, dispuestas y solas.

La sesión de fotos había empezado bien y mientras
veía como abrazaban a mi mujer, me acorde de mi desastroso inicio en el
intercambio de parejas: Hicimos Miriam y yo una cita con una pareja, que al
igual que nosotros, empezaba en el SW. Después de algunos juegos, el  hombre de
la pareja besó a mi esposa (con mi consentimiento) con tal pasión que ella le
correspondió de igual forma.  No pude continuar con el encuentro y lo di por
concluido, con la sorpresa y disgusto de los demás. Ese beso me hizo pedazos por
seis meses. Lo admito: mi machismo era más grande de lo que suponía. Puedo decir
para justificarme que el entorno social y una nula educación sexual tuvieron la
culpa de lo que paso, pero eso seria irresponsable de mi parte. Sencillamente me
sorprendió la realidad. El escéptico, el que no se creía la sesión de fotos y
yo, compartimos la incertidumbre de estar un momento perfecto con una mentalidad
equivocada.
El intercambio de parejas fue  una situación tan
fuerte que me cambio la vida. Llore y me enfurecí por dejar a mi esposa en manos
de otro hombre. Sabía que Miriam era una mujer muy sexual y me quede con la idea
de que solo era conmigo. Nunca pensé que ella lo haría con alguien más  con la
misma o mayor intensidad.
Me equivoque.
Mi enorme machismo fue producto de una
deficiencia en mi educación general y esa responsabilidad es personal. Si
desaparecía mi machismo, el origen de mi inseguridad, me daría la llave para
disfrutar una sexualidad más abierta y real. Copié el proceso de  una eficiente
empresa japonesa: desaprender y aprender. Desaparecí mi sentido de posesión
(esta mujer es de mi propiedad) por unos celos sanos. Si, mis  celos no
desaparecieron ya que  amo a mi pareja, pero los controlo. Ahí están, pero no me
gobiernan. Desaparecí de  mi mente que solo el hombre tiene el derecho a
disfrutar de otros cuerpos a: ambos tenemos las mismas oportunidades. La
igualdad  hombre-mujer en el ámbito sexual para mí fue una batalla no con el
mundo sino conmigo mismo. El intercambio de parejas  fue un encuentro con la
equidad de género, pero no de dientes para afuera. Ocurrió, literalmente frente
a mis ojos cuando a Miriam la veían, tocaban, besaban, excitaban y le hacían
totalmente el amor. De la misma manera yo veía, tocaba, besaba, excitaba y tenía
sexo con otra mujer.
Ahora, años después, me encontraba en un parque,
a punto de pedirle a un desconocido le tocara las nalgas a mi esposa. Si el
Ernesto de hace años  se hubiera encontrado con el Ernesto de hoy, seguramente
ambos se hubieran insultado. (Yo golpeándome a mi mismo)El grupo no lo sabía
pero Miriam y yo estábamos en una situación nueva y de aprendizaje. Aprendíamos
nuestra sexualidad y sus consecuencias. Los libros y sexólogos pueden decir lo
que quieran, pero si nosotros como pareja no lo experimentamos, es solo tinta en
papel. Un relato en un libro o internet  no basta para una vivencia. Es
necesario tenerla.
-Se te ve un trasero fenomenal –le dije a
Miriam-  Y se vería mejor si alguno de los muchachos pusiera sus manos ahí.
Seria una foto estupenda.
Mi comentario fue escuchado como orden.  Uno de
ellos poso sus manos sobre el trasero de mi mujer resultando en el primer
tocamiento de la sesión. Puedo decir  con honestidad que eso me excitó al mismo
tiempo que dieron unos minúsculos celos.

El resto del grupo solo miraba.
Les pedí fueran a la orilla de la presa y todos
sostuvieran a Miriam horizontalmente, levantando el vestido para una mejor
vista. Lamento verme tan imperativo (mandón) en el relato, pero así son las
cosas. Yo, como fotógrafo, tenía que decirles  como debían colocarse para las
tomas.
Mi objetivo inicial era que los integrantes de la
sesión de fotos tuvieran el mayor contacto visual  con Miriam, pues como
fotógrafo tenia ese privilegio. Era nuestra primera sesión de fotos con un grupo
de hombres, con todo lo que conlleva.Miriam y yo sabíamos que era solo una
sesión de fotos, pero mantuvimos abiertas las expectativas. Dejamos que la
sexualidad y el momento nos fueran llevando.
Al momento en que todos sujetaban a Miriam
horizontalmente, sus nalgas se trasparentaban en el vestido y se veían
antojables.  Insté a los chicos le subieran el vestido y bajaran un poco la
tanga. Uno de ellos estaba atrás, rezagado y apenado. Le pedí se situara
enfrente y mirara con detenimiento. Creo le dio un gusto enorme pues sus amigos
bromeaban diciéndole lo afortunado que era.

 

Vi a mi esposa desinhibida disfrutando de la
iniciada sesión y algo característico de ella, riéndose. Creo ya la habían visto
toda por lo trasparente de la tela, pero mi voyerismo quería la vieran mas. Pedí
a los hombres le quitaran el vestido a Miriam. Ella, levantó los brazos y
sencillamente se dejo.

Encomendé al grupo  auxiliaran a mi esposa en
todo momento. Eso les daba la oportunidad de estar más cerca de ella y de
tocarla ligeramente. Miriam  se dejaba consentir, siguiendo su juego y
cooperando con el mío.
 A ella la he visto cientos de veces desnuda,
pero el que otros ojos la vean, nos excita a ambos. ¿Qué mujer sexualmente
liberal se resiste a ser el centro de atención y deseo?
Ya con solo dos prendas en su cuerpo, estaba a un
paso de desnudarla. Insté a uno de los participantes, le bajara la tanga a mi
adorada mujer. A través de la cámara, dos manos que no eran las mías,
deslizaban  la prenda descubriendo el pubis depilado de Miriam. Ella sonrió
cuando la prenda cayo al pasto y para no dejar, en un movimiento, se quitó el
sostén. Ahí, en un parque publico, a mediodía, se encontraba mi esposa desnuda,
solo con sus zapatillas negras, a la vista de algunos hombres que llevaban una
hora, tal vez dos, de conocerla.
Solicité a mi mujer que se pusiera en cuatro
puntos sobre el césped. Por experiencia se que cuando un hombre mira sus nalgas,
no las olvida y yo deseaba que el grupo lo corroborara. Miriam miro en dirección
a la presa, se hinco con lentitud y levantó ligeramente el culo en una
invitación imperceptible a que se la cogieran. No se como estaban los demás,
pero yo seguía con la erección anterior o con una nueva.

Uno de los participantes trató de sacar su
celular para tomar una foto. Le dije que no y Martin de inmediato lo regañó 
frente a todos. Los demás, le lanzaron  una mirada de desaprobación y por lo
bajo una  que otra grosería. Aun cuando todos estábamos excitados, las reglas
seguían vigentes.
Miriam pidió su vestido junto a la tanga y
sostén.  Excepto el regañado, todos le ayudaron. Algunos le daban la mano para
detenerla y otro le anudaba la tanga. Uno de ellos se tendió en el pasto a
descansar y eso como fotógrafo me daba otra pose. Hable con Miriam y comprendió
de inmediato. Se situó sobre él a la altura de su rostro con las claras
intenciones de que la mirara por abajo del vestido. Dos más se acercaron y la
tomaron de la mano para auxiliarla. Nuevamente solicite levantaran el vestido y
al que se encontraba tendido, le bajara la tanga. Éste me miró como apenado así
que asentí con la cabeza y lo hizo.

 
A media presa, se escuchaban gritos. Dos lanchas
apenas contenían la algarabía de los estudiantes. Para imitarlos, sugerí 
alquitaramos dos embarcaciones e hiciéramos algunas tomas en ellas.
Martin envió a uno de sus amigos a alquilar las
lanchas. Regresó  con la noticia que solo había dos disponibles y ya estaban
ocupadas. Dada la situación se sugirió buscar otro sitio y continuar la sesión
de fotos en “tierra”.
Miriam quiso   cambiarse de ropa, regresando a su
atuendo de pantalones deportivos y tenis. Otro varón se ofreció a acompañarla
pues los tacones se enterraban en el pasto y ella aceptó. Mientras subían una
pequeña cuesta, él se quedaba ligeramente atrás de ella para verla las nalgas 
pues el vestido lo permitía.  Yo los seguía.
Esa mirada la había visto  varias ocasiones
cuando vamos por la calle  y los hombres miran a mi pareja con discreción, pero
en esa ocasión, la mirada era natural e intensa.
Llegamos al sitio que servía de guardarropa y el
participante se retiró dejándonos a Miriam y a mí, con cierta intimidad.  Mi
mujer se cambio de ropa y la que me entregó la guardé en una bolsa. Al tocar su
tanga la note húmeda y en ciertas partes blanquecina.  Mi conclusión fue
agradable y sorprendente:
Miriam realmente estaba disfrutando la sesión de
fotos, el mostrarse y dejarse tocar. La tanga mojada por su lubricación me decía
que estaba bastante excitada.
El momento estaba valiendo la pena.
Recuerdo la entrevista que le hicieron a cierta
actriz por su trabajo en un table dance. Decía que le gustaba asistir a esos
sitios y participar como teibolera por la excitación que le daba tener a tantos
hombres, literalmente, a  sus pies.  Miriam le daba la razón.
El grupo marchó y a pocos metros encontramos el
camino principal. El sendero dividía de forma natural unas rocas y el sitio nos
agrado. Con los universitarios en la presa, teníamos tiempo para la continuación
de la sesión de fotos. Les pregunte al grupo si preferían que Miriam cambiara a
un vestido de enfermera o alguno de la lista. Se decidieron por lo primero,
ofreciéndole algunas prendas extra que llevaban consigo para que se sentara
sobre ellas a modo que no se ensuciara de tierra. Miriam supongo que se sentía a
esa altura cómoda, con ellos viéndola. Esta vez, el grupo no se separo mucho 
mientras se cambiaba.

 
A espaldas de Miriam estaba una roca grande y
decidimos subir y hacer unas fotos sobre la piedra, algo muy difícil para una
mujer con zapatillas de tacón. Dos hombres treparon  primero y ayudaron a mi
mujer a subir  mientras los restantes, incluyéndome, le veíamos la terminación
de las medias, la tanga y sus nalgas. Si no eran voyeristas, ese día estaban
tomando el curso y seguramente se graduarían.
El grupo estaba disfrutando del cuerpo, los
vestidos, y sobre todo, la actitud de una mujer sexualmente libre.  No lo
supongo, lo percibí.

“No es tu cuerpo el destino de mi deseo, es tu
actitud lo que me provoca”.  Mi amiga Miriam nos ofrecía su cuerpo,  su sexo  y
nos excitaba .Era la mujer  de todos y al mismo tiempo, de nadie. La amiga que
hay que consentir y cuidar. En ese instante yo dejaba de ser el esposo, su
pareja, para convertirme en uno más del grupo. Es difícil explicarlo, pero la
mirada de Miriam veía al fotógrafo, al participante, no a su esposo.

 
Una sorpresa me aguardaba: La cámara digital
empezó a avisarme que las baterías estaban a punto de colapsar. Martin me
comento que previsoramente  llevaba otra cámara digital y la ponía totalmente a
mi disposición con el compromiso de una vez terminada la sesión, entregarme el
dispositivo de almacenamiento o bien, la cámara completa. Acepté tan generosa
oferta, pues yo no estaba dispuesto a terminar tan prematuramente una sesión que
todos estábamos disfrutando.  Para corresponder a su gentileza, le pedí me
ayudara en algunas fotos. Yo subí a la roca y el se quedo abajo. El regañado que
hacia de vigía, (Martin lo degrado a soldado) nos aviso que  alguien venia.
Martin apresuro al equipo a hacerle “casita” a Miriam, para que no la vieran.
Escuchamos ruidos de un grupo numeroso que se acercaba. Nos sorprendimos cuando
vimos que éste lo componían borregas que seguramente estaban custodiadas por un
pastor. Efectivamente, detrás iba su cuidador que siguió su paso sin percatarse
de nada.  Vi a Miriam riéndose, con su ja, ja, ja, ja, característico, mientras
el grupo seguía protegiéndola.

Martín nos aviso que los universitarios habían
“desembarcado” y estaban a escasos metros de nosotros. El grupo no se movió de
su sitio mientras Miriam  muerta de la risa por la situación de las ovejas y
ahora los estudiantes, hacia poses.

La sensación que yo tenía en ese momento fue
totalmente diferente a estar con una pareja.  Miriam me dijo días después que
ella sintió lo mismo. En un encuentro con una pareja hombre-mujer yo centro mi
atención el la otra mujer y Miriam en el otro hombre. En ese instante, tengo una
mujer en exclusiva y Miriam un hombre (que no soy yo) a su disposición. Ellos
son nuestro mundo y nosotros el de ellos.
En esta ocasión, Miriam compartía su atención con
siete hombres. Yo, en la única mujer y lo que le hacían o que pudiera
provocarles a hacerle.
Sentí un aprecio genuino del grupo hacia Miriam
por su sencillez y su risa, (la risa ayudo muchísimo) sin excluir lo sexual.
Encontraron a una amiga cooperativa sin aires de diva, sangroncita o
insoportable.
Nosotros como pareja, entendemos eso. Hemos
conocido  también, lo malo del SW. Parejas donde ella se siente Angelina Jolie y
el Brad Pitt con las consabidas consecuencias: un suplicio hablar con ellas y
única ocasión que los vemos. Las parejas creídas de si mismas, adolecen de
modales y son una pérdida de tiempo. Cambian tontamente la soberbia por un
momento mágico. Ni Miriam ni yo podemos darnos el lujo de compartir momentos
excitantes por  perder el piso.
 
 

El subir y bajar la roca nos dio a todos momentos
visuales muy placenteros. Las fotos fueron el pretexto perfecto.

Martin estaba enfrascado en su papel de
fotógrafo. Le sugerí dejara la cámara a sus amigos para que ellos tuvieran la
experiencia y recomendaran poses no excluyendo a nadie. Al regañado, por su
descubrimiento rápido del enemigo (las maléficas borregas) Martin lo ascendió de
soldado a Teniente y también tomo fotos,  no con su  celular, pero el gusto lo
tuvo.

El grupo miraba a Miriam con deseo y a mi con
extrañeza. Martin les había comentado que yo era su esposo. No un amigo de
ocasión o su amante. Era oficialmente su pareja. En varias ocasiones, antes de
tocar a Miriam, me miraban corroborando mi permiso. Yo entendía su predicamento.
Hace años estuve en sus zapatos y recordé un episodio parecido.

Tenía 20 años y me encontraba en Valle de Bravo,
en el Estado de México. Trabajaba en una villa cuando por un descuido me herí un
dedo, algo sin importancia. La dueña de la casa, una española madura y bella,
vio lo sucedido, me llevó a su recamara y me curó.  La mujer me colmaba de
atenciones que solo se prodigan a una pareja. Yo  temía entrara su esposo y me
tumbara los dientes o peor, un balazo, ya que lo había visto en la terraza
tomando el sol. La bella señora seguramente estaba muerta de risa viendo mi
aflicción. Me tomo de la mano, pasando frente a su pareja y me llevo a la cocina
a prepararme un bocadillo de jamón serrano. El marido hizo su aparición y yo
francamente rezaba. Éste, con toda la tranquilidad del mundo empezó a hacerme la
plática dejándome más que confundido, perplejo. Su mujer me había tomado de la
mano nuevamente, frente a sus ojos y el ni se inmutaba.
Me dijeron que se encontraban solos y que en la
próxima ocasión que estuviera en Valle, los visitara y fuéramos a esquiar a la
laguna. Para colmo, el tipo me preparo otro bocadillo para el camino.  (En ese
tiempo le hubiera puesto veneno al tipo que sedujera a mi esposa)
Mi mente en ese entonces solo concebía relaciones
hombre-mujer en exclusiva y jamás pensé que existieran otro tipo de expresiones.
La propuesta de convivir con ellos era atrayente pero mis pensamientos no daban
para más. Sentía una traición estar con una mujer que me seducía frente a su
esposo. Tanto de ella como mía.  
Yo era un hombre de ideas cortas. Prejuicioso y
orgulloso de mi ignorancia.
El tipo me cayó muy bien y su bella mujer me
cautivó.  Aun así, no volví a esa casa perdiéndome para siempre de algo
maravilloso con una pareja que me dio la oportunidad de atisbar otros mundos.
Jamás pensé, ni por un instante, que lo que estaba presenciando era una
complicidad de pareja.
Los chicos del grupo me miraban esperando una
reacción. Yo correspondía con decisión en mis actos, seguro de lo que hacia, aun
cuando no me comprendieran. Estaba ahí, junto a un grupo de hombres extraños,
después de muchos años de experiencias.
Para mí, Miriam puede estar con 100 hombres y
seguirá siendo mi pareja fiel. Yo, podre estar con la misma cantidad de mujeres
y seguiré fiel a ella. Es una forma de llevar en este momento nuestra relación y
que a nosotros nos ha funcionado. 

Solo las parejas que llevan años de convivencia
saben que es indispensable reavivar la relación con situaciones diferentes. El
sexo convencional lo conocemos  y no es tan atrayente. La seguridad y hasta la
obligación de tener intimidad con tu pareja llega a ser convaleciente, igual a
hacerlo en  camilla de hospital después de una intervención quirúrgica. Una
situación como la sesión de fotos, con la incertidumbre que conlleva, nos
mantuvo despiertos,  interesados y renovados.

Por la parte sur, en ese mismo sitio, había una
ladera  que daba a la presa. No recuerdo de quien fue la idea de hacer unas
tomas ahí. Miriam pidió la asistencia de los muchachos.

Miriam se detuvo mirando el tronco que estaba frente a ella y subió una pierna.
Me agradó la pose pero faltaba la cooperación de los chicos que solo la miraban.
Miriam se recargó en uno de ellos y le dijo algo al oído. Este, ni tardo ni
perezoso coloco una de sus manos en la pompa de mi pareja. (la otra mano no la
vi) . A mi querida pareja la estaban agarrando como “cartoncito de cervezas”.

Le pedí a mi esposa hacer unas tomas en pose de
“sacrificio azteca” sobre el tronco pero éste se encontraba torcido y ella no
podía acostarse sin asistencia, ya que podía caerse y lastimarse. Los chicos le
ayudaron primero a subir y a sostenerla. Ella se recostó tratando  fuera cómodo.
 

Ya acostada no podía sostener ambas piernas sobre
el tronco ya que este se curvaba hacia abajo en demasía por lo cual le pedí a
Miriam subiera una pierna sobre el hombro del chico que le estaba deteniendo un
tobillo. La tanga blanca trasparentaba la intimidad de mi esposa y los tres
hombres que se encontraban próximos la veían con toda claridad.

 ¿Seria capaz Miriam de no decir nada cuando
sintiera que le bajaban la tanga y quitarle el sostén para verle las tetas? En
ocasiones anteriores yo les había pedido a los chicos lo hicieran y Miriam había
consentido. Esta ocasión, seria diferente.
Me acerque a uno de ellos y le pedí en voz baja
que le bajara la tanga a Miriam. A otro, le subiera el sostén. En dos segundos
las manos del grupo cumplieron el cometido. Miriam no replico. Ni siquiera
levanto la cabeza para averiguar quien lo había hecho. Sencillamente se dejo. La
zorra de mi mujer tenía los pezones erectos signo de que estaba excitada.
El grupo se recreo viendo por unos instantes lo
que yo como esposo he visto en nuestra intimidad con esa cercanía. Digo unos
instantes porque el vigía anuncio tardíamente que unos estudiantes pasaban,
cubriendo precariamente de inmediato a Miriam. Si la vieron desnuda, no lo
sabemos.

Miriam para variar se hecho a reír, cubriéndose 
con una chamarra mientras yo seguía tomando fotos. Recordé que estando arriba de
la roca no se inmuto cuando  el pastor con sus borregas casi nos descubre,
después los estudiantes.  Las interrupciones se estaban volviendo costumbre.
Nuestro vigilante  anunció que ya no había intrusos y nuevamente le pedí a mi
mujer  se acostara en el tronco. 
La tanga de mi mujer estaba sobre sus tobillos.
Cuando ocurrió la interrupción de los estudiantes,  alguna alma caritativa se la
bajo. Para permitirle más movilidad, otro se la quito y  la guardo en su
bolsillo. Miriam como buena putita, cooperó. Le pedí a dos de ellos sostuvieran
las piernas de mi mujer quien no desaprovechó la oportunidad y sin mas, las
abrió, dejando ver su intimidad, desafiante, hermosa, depilada. Se quedo en esa
posición unos instantes…

Pidió levantarse del tronco pues no estaba del
todo cómoda y de inmediato la auxiliaron. Dos de ellos la sostuvieran en sus
hombros mientras los demás permanecían cerca de ella para otra toma. Ahora mi
mujer estaba solo con unas medias y zapatillas blancas, sin sostén ni tanga,
dejándose ver y tocar disimuladamente mientras todos (incluyéndome) queríamos
cogérnosla ahí mismo, cosa que a esas alturas supongo no le hubiera desagradado
a mi mujer.
Parecíamos la versión erótica de Blanca Nieves y
los siete enanos.

Miriam dio por terminada la segunda parte de la
sesión de fotos y pidió su ropa. Presurosos le ayudaron a vestirse otra vez. Me
regocije cuando vi de nueva cuenta a todos ellos pendientes de los caprichos de
mi esposa, amables y a la vez excitados. Uno de ellos le ponía la tanga, el otro
el sostén, uno mas la bata y por ultimo, una chamarra que mi mujer declino. 
Todos tenían contacto físico con ella de un modo u otro.

Subí la ladera con cuidado para tomar otras fotos
desde esa posición y vi el porque Miriam no quiso la chamarra. Mientras dos de
ellos la ayudaban a subir, los demás se quedaban rezagados, viéndole el culo.
Miriam hacia su parte del juego de forma eficiente y silenciosa. Tampoco quiso
cerrarse la bata.

 
Regresamos al sendero principal ya que deseábamos
hacer otro cambio de ropa. Miriam ya sabiéndose dueña de la situación, se cambio
con lentitud.  El grupo en esta ocasión ya no se separo de ella.

Ahora  existía más confianza. Los chicos no se
encontraban tan cohibidos como al inicio. Miriam nunca estuvo apenada así que
ella se encargo de darles confianza y lo hacia muy bien. Ya mas desenvueltos,
sugerí que la desnudaran y le hicieran el cambio de vestuario. Claro que
aceptaron.

Miriam dejó  se acercaran para percibir su aroma
y la fueran desvistiendo poco a poco. Lo hacían con delicadeza y ella se dejaba
consentir. Tanta cercanía de los chicos con la intimidad de mi pareja me
excitaba y me ponía nervioso.
Cuando nuevamente le quitaron la tanga,  Miriam
se acercó a uno de ellos y este le beso un muslo y después se acerco a su concha
(raja, vagina, almeja, pepa, coño ) quedándose algunos instantes ahí, oliendo la
excitación de una mujer que se exponía a siete hombres. Mi mujer subió una
pierna al hombro de él para que tuviera mas acceso a su intimidad mientras otro
llegaba por la parte de atrás y le tomaba las tetas muy sutilmente.
Miriam tenía una boca en su raja y seguramente
una verga restregándole las nalgas. Ella permaneció inmóvil pocos instantes.
(Días después le pregunte si le habían metido la lengua en la concha y hasta la
fecha no me ha contestado)

Tomo de la mano a otro varón y se recargó en el,
ofreciéndole su culo desnudo para que lo sintiera. A cambio, Miriam  dejaba que
otra verga entrara en medio de sus nalgas, para corroborar tamaños y disfrutar
sensaciones. De cualquier forma, los tocamientos por ambas partes eran ya, mas
frecuentes. Miriam estaba en la segunda fase, más puta. Y eso, nos encantaba a
todos.

 
Miriam es como la gran mayoría de las mujeres,
incierta y complicada. Conociéndola, yo sabia que aun cuando estuviera muy
excitada, la sesión seguiría siendo solo eso. Una sesión de fotos, tal vez con
mucho cachondeo, pero sesión al fin. Necesitaría algo extraordinario para que
pasara algo más.
Una seducción lenta y constante. Entre todos, lo
estábamos haciendo.
El guión se repitió: Como de costumbre les
solicite su generosa ayuda para que desvistieran y vistieran a mi mujer. Como de
costumbre ellos, prestos, lo cumplieron. Como de costumbre, tocaron olieron y se
acercaron lo más próximo a la intimidad de Miriam y como de costumbre, los
estudiantes hicieron su aparición.

Miriam opto por no cambiarse totalmente. Se dejo
la bata y se calzo los tenis. Empezó a caminar por el sendero y los demás la
seguimos. La tanga se apreciaba como su única prenda bajo la bata. La vi
decidida a dejarse ver , modestamente, ya no solo por el grupo sino por
cualquiera que se atravesara en el camino.

Llegamos  a un sitio con el suelo cubierto de
hojarasca. Ahí quiso Miriam quitarse la bata y cambiar su atuendo por un camisón
blanco, de gasa trasparente.  El cambio fue tan rápido que los muchachos apenas 
se dieron cuenta. Este era demasiado largo y no le agrado a mi mujer así que de
inmediato lo cambio por un vestido de corte italiano de espalda descubierta. Si
las demás prendas las había elegido por su trasparencia, el vestido me encantaba
por su elegancia. 

Nos situamos bajo un puente de piedra y ahí
hicimos algunas fotos, las más hermosas, no por lo atrevido, sino por lo
artístico, únicamente con Miriam recargada en un árbol. Absortos, nadie se
percato cuando otro grupo de universitarios estaban literalmente, sobre nuestras
cabezas. Varios de ellos hicieron comentarios propios de adolecentes sobre la
modelo y sacaron sus celulares para tomarle fotos o tal vez video. Le pedí a
Miriam no se dejara fotografiar y se oculto de los estudiantes.  Martin un tanto
molesto les regreso el sarcasmo pidiéndoles continuar su camino. Los educandos
se retiraron.
Le di la cámara a Martín y tomando mi teléfono
celular  solicité a otro participante, grabara video. 
Tomé  de la mano a Miriam y la lleve unos metros
más abajo del puente. Miriam me abrazo,  tome su vestido y lo enrolle en su
cintura, agarrándole las nalgas. Eran las únicas manos que faltaban posarse en
ellas ese día. Le pedí girara y simulara que la penetraba por detrás.  Ella
caminó algunos pasos y puso sus manos sobre una roca mientras yo seguía pegado a
su trasero.
En el cuento de Blanca Nieves y los Siete Enanos
existe una malvada bruja que echa a perder la felicidad del grupo. Nosotros
estábamos a segundos de encontrar la “manzana envenenada”.
Escuchamos la voz sobre el puente  de  un hombre
que dijo ser guardia y propietario del parque. Un hombre común, sin uniforme. 
Estábamos a 20 metros de él y  realmente nos sorprendió a todos. Llego con la
actitud de un bravucón, despótico y fanfarroneando su posición.  Llevaba
instantes viéndonos y por las poses que practicamos imaginó que realmente
estábamos teniendo sexo y nos acuso de faltas a la moral. Quería   le
entregáramos la  cámara fotográfica. Para los que vivimos en México, estos
bichos son el pan de cada día. Se dicen ser guardias de la moral y son los más
despreciables,  dados a sentirse importantes haciéndoles la vida miserable a los
demás. Su principal alimento son las dadivas verbales o monetarias. Buscaba a
través de la  cámara, erigirse en Juez y tener algo tangible con lo cual pudiera
manejar la situación.  Si pensó que éramos unos incautos, estaba a punto de
llevarse una sorpresa.
En esa problemática situación pasó algo que nos
causo risa y aun lo recordamos: Miriam tenía el vestido en la cintura y las
tetas al aire. Para cubrirla de inmediato, tome su vestido y lo subí
erróneamente quedando la parte de abajo, arriba (volteado) Por la ansiedad,
Miriam lo bajó haciéndome ver mi error, quedando otra vez, desnuda. Yo lo subí,
nuevamente equivocado, tratando de cubrirla y ella lo volvió a bajar quedando
otra vez desnuda. Una tercera vuelta y seguíamos enfrascados mientras el guardia
nos veía.  Alguien tuvo el buen tino de darle a Miriam una chamarra y santa
solución. Miriam empezó a reírse  calladamente y después a carcajearse.  El
grupo  se dio cuenta de lo sucedido y algunos la imitaron.
Le pedí a Miriam hiciera lo posible por cambiarse
a su atuendo deportivo. Mientras ella lo hacia yo saque como previsión las
tarjetas de almacenamiento de las cámaras y las oculte.
Al mismo tiempo que lo anterior sucedía,  Martin 
había subido la ladera y se enfrento  al dizque guardia/dueño y le planto una
advertencia de la misma manera que el guardia se condujo: a gritos.
O nos dejaba en paz o le tiraba los dientes.
El guardia llamo a su ayudante que se encontraba
cerca y mas tardo en obedecer cuando dos del grupo estaban al lado de Martin,
prestos a dejarlos en el lodo. Martín fue ecuánime y le pidió concluyeran el
asunto solo dos, sin intervención de nadie más. El guardia se envalentonó y
empezó a ladrar insultos pero recapacitó pues Martin se colocó en posición de
ataque al tiempo que su ayudante se alejaba un poco  advirtiendo los golpes.
El propietario/guardia  se retiró, claro,
amenazando. Su ayudante le seguía.
Martin regreso con nosotros y nos comentó que  todo estaba solucionado.
Nosotros no quisimos correr riesgos (nadie sabe lo que un perro rabioso puede
hacer) y el grupo lo entendió. Todos nos encaminamos a la salida donde nos
esperaba el guardia/propietario  y tres ayudantes. Para ese momento Miriam era
indiscutiblemente la “abeja reina” y cualquiera de nosotros la hubiera protegido
con todas sus consecuencias. No nos dijeron una sola palabra mientras salíamos
escoltando a Miriam, haciéndole nuevamente “casita” para que no la vieran.  

Mientras abordábamos nuestro auto, el grupo de universitarios hacia lo
propio. Al parecer, no solo un salón estaba de excursión. Supongo que adivinaron
que la única mujer, la de la vestimenta deportiva era la que nos acompaño
durante el recorrido pues los varones trataban de verla con detenimiento y las
mujeres menos obvias, con curiosidad. Nos retiramos de ahí lo más rápido que
pudimos.

Martin nos hizo señas  que lo siguiéramos. A
pocos kilómetros de ahí encontramos los típicos puestos de comida al lado de la
carretera con tacos de guisado y carnitas que al verlos  nos despertaron el
apetito. ¡Que ricos! Mi mujer se mesuro en el consumo pues ha sido propensa
estos últimos años a subir de peso y desea cuidar su cuerpo (el reto de la
sesión también ayudo pues continua bajando).
 A  los pocos minutos comenzó a llover con
intensidad.
Yo, Ernesto, me quede con la impresión de una
sesión de fotos trunca. La presencia de los estudiantes nunca me molesto, por el
contrario, creo le dio sazón a la situación, pero el ultimo incidente, el del
guardia, me enfado por el despotismo que se condujo aun cuando nos reímos de lo
chusco de la situación. Mire a Miriam, al grupo y les propuse que hiciéramos
unas ultimas fotos al lado de la carretera después de comer. El grupo en su
conjunto me miro extrañado.
Yo sabía que esa sesión fotográfica era un
milagro y podría no repetirse jamás. De ahí mi insistencia.
Miriam me comento que estaba lloviendo y no se
imaginaba escurriendo de agua o con gripa al día siguiente por mi entusiasmo y
los hombres la secundaron. Les prometí que  serian pocas fotografías y ante mi
insistencia, aceptaron.
Terminamos de comer y conducimos en caravana
algunos kilómetros buscando de nueva cuenta un sitio apropiado. Mientras mi
mujer cambiaba de atuendo dentro del auto, yo me sentía raro al verla
desprenderse de su ropa siendo el único espectador. Ella se coloco con 
dificultad el liguero y medias negras.  La tanga y sostén del mismo color ya
habían sido usados en la primera intervención así que se puso un juego de color
café. Continuaba lloviendo y los vidrios de todos los vehículos se encontraban
empañados. Me hubiera gustado que los demás estuvieran afuera viendo como Miriam
se desnudaba pero con la tormenta, era imposible.
Lo menos que se esperaban los  vehículos que
transitaban por ahí era encontrar a una mujer tomándose fotos y menos con ese
clima. La discreción no era prioridad. Si, hacer las fotos rápido para que
Miriam no resintiera el frio.
Los muchachos no creían que Miriam tuviera la
osadía de salir lloviendo.  Realmente se sentía un frio endemoniado. Autobuses y
tráileres pasaban y dejaban tras de si una fuerte brisa.
Casi me arrepentí de mi solicitud, pero ganó sin
dificultad mi excitación. Mi mujer debía pagar el precio de mis continuas
erecciones. Mi perversidad quería ver de nueva cuenta a Miriam expuesta. (Si,
soy un cerdo)
Miriam me dijo:
-Si me enfermo,  me la vas a pagar. Su voz no
tenía el tono de excitación. Me dirigió una mirada “especial” esa  que tienen
las mujeres cuando les “debes” algo.
-Amor, mas tarde te compro un frasco gigante de
Vick VapoRub y te embadurno de pies a cabeza. Hasta un tambo completo, pensé. 

La lluvia disminuyo en intensidad. Miriam tomo
una sombrilla, casi una ruina, pero era la única disponible. Salió del vehículo
con su sombrilla endeble de  escudo percatándose que la cubría muy poco.
Ni esa escena me conmovió. Al contrario, me volví
doblemente cerdo, un perverso completo. Sentí a mi conciencia (un montón de
diablitos)  haciéndome “la ola” y aplaudiendo por sacar a mi mujer en lencería
del interior cálido de un auto, al frio.
Los muchachos en cuanto la vieron, presurosos se
acercaron a ella para guarecerla. (Ahora el iluso soy yo). La tanga café se
perdía en el culo de Miriam y de la parte de enfrente, se veía minúscula.
Además, estaba mal anudada. De un momento a otro, iba a caer y eso esperaba yo.

La lluvia amaino pero el agua depositada sobre el
pavimento era arrojada por las llantas de los vehiculos. Esa llovizna nos
llegaba  con  fuerza y azotaba el rostro a los desprevenidos. Los chicos del
grupo trataban de que el agua no llegara a la piel de Miriam pues cada que
pasaba algo asi, ella gritaba.
 

Le solicité a Miriam se subiera sobre el
parachoques (defensa)  trasero de la camioneta con el auxilio de  los muchachos
para que no se resbalara por la lluvia. Martin la tomo de la mano y “como no se
acomodaba”, la tomo de las nalgas con confianza y la subió a la camioneta. Mi
mujer acepto la ayuda y la manoseada  y como muestra se inclino sobre otro
participante con lo cual su trasero quedó en el rostro de Martin,  quien solo
abría los ojos y no se atrevía a algo mas. Miriam ya no reía, gritaba de
nerviosismo y frio.
Le pregunte a mi conciencia si con eso era
suficiente y me dijo que no. Yo, obedecí.
Esperé que los autos nos dieran la oportunidad de
hacer algunas fotos sobre el pavimento. Esto era complicado pues no dejaban de
pasar y Miriam tenía que correr con zapatillas. Pasaron algunos minutos hasta
que se dio la oportunidad. Los chicos la tomaron de la mano mientras su tanga se
bamboleaba al compas de sus nalgas.

Los muchachos (convencido estoy) no querian que
mi adorada se resfriara y la protegian de las inclemencias con su cuerpo ,
juntandose lo mas posible , para trasmitirle su calor ( o calentura).

El frio y la llovizna les dieron a los chicos
otro pretexto para acercarse a ella. Y a ella otro pretexto para dejarse tocar.
Las mujeres inteligentes saben que la mejor manera de cazar a una hombre es
dejar que ellos crean que es el cazador. Tal vez no lo crean , pero observen el
metodo que utilizan para llevar a un hombre al altar.
De esa manera, mi mujer tenia otra verga entre
las nalgas. Todos felices.

 

Miriam me dirigió una mirada de súplica. Su piel
estaba blanca y con claras muestras de frio. Era hora de terminar con la sesión.
Como despedida pedí que cada uno de ellos posara
su mano sobre una parte del cuerpo de mi mujer. Vi  manos cubriendo las tetas de
Miriam mientras otros le tocaban las nalgas y piernas.
Miriam subió al auto con rapidez y desde ahí se
despidió de todos. El frio la estaba entumeciendo. Por mi parte, hable con el
grupo y les agradecí de corazón la cordialidad, el respeto y la cooperación que
mostraron para hacer de la sesión de fotos, todo un éxito. Martín me entregó su
cámara sin más. Un abrazo sincero fue el último contacto que tuve con ellos ese
día.

Ya en el
auto  vi a mi mujer abrigada y con la calefacción máxima tratando de
recuperar su calor corporal. Me miró y sentí su calidez. Regresaban mi
esposa y mi amante  asentadas en Miriam a nuestra intimidad, sin ningún
daño, resentimiento  o mal rato. Volvía esplendorosa, feliz y excitada a
continuar nuestra relación de marido y mujer.  Retornaba  sin macula,
virginal y pura. Tomé su mano y la besé. Éramos otra vez, solo ella y yo.
Epílogo:
En unos días no supimos nada de Martin y el
grupo,  pero suponemos que la ansiedad de todos lo obligó. Nosotros también
queríamos charlar con él. Nos citamos para desayunar y mientras  lo hacíamos, él
veía en la computadora portátil las fotos. Concordamos en que para ser la
primera ocasión, la sesión salió súper bien y quedaron muchas actividades
pendientes.  Le obsequiamos algunas fotografías para que las compartiera con el
grupo.
Miriam, como toda mujer,  no aguantaba la
curiosidad. Quería saber  los comentarios que le habían hecho los chicos. Martin
mencionó que después de la sesión, durante dos días, nadie dijo nada, como si no
hubiera sucedido. Al tercer día, uno de ellos comentó la sesión y los demás lo
siguieron. No podían creer que eso había pasado y aún no lo asimilaban. Para
todos, Miriam fue una mujer excepcional. La tenían aun en los ojos, en las manos
y se excitaban con su recuerdo. Miriam traspaso con su risa, su cuerpo, su
mirada y sus ligeras ropas, el deseo de un grupo. Desde el tercer día, Miriam
era tema obligado.
En ocasiones, cuando iban por la carretera,
decían: ese es un buen sitio para una sesión de fotos. Uno de ellos oyó de una
gruta recién descubierta y fue a corroborar las facilidades existentes. Miriam
vivía en el aire, en las fotos y en sus deseos. En el corazón mas joven, Miriam
anidó como la mujer deseada.
Su pareja (yo) merecía a sus ojos respeto, aunque
no lo comprendían del todo porque sus ideas chocaban. Ellos decían que no
podrían permitirse con su pareja algo así ya que la posesión y los celos no los
dejaban.  Miriam y yo sabemos, por experiencia propia, que lo que vivieron  los
va a atormentar un largo tiempo  hasta que superen sus miedos y lo hagan con sus
parejas, con alguien mas o lo olviden. Si, el sexo es una droga persistente y
poderosa.
Ayer en la noche, Miriam y yo tuvimos sexo
marital. Ella hablaba  con palabras entrecortadas de la sesión de fotos y me
dijo que mientras estaba en el tronco recostada, en las dos ocasiones se sintió
excitada por  lo expuesta que estaba en esa posición.  Como si leyeran su
pensamiento, sintió como le bajaban  la  tanga y subían el sostén y cerrando los
ojos, se excitó aun más.  Abrió sus piernas para que  vieran sus brillantes
labios vaginales y alguien, el más osado, le metiera un dedo o dos. Tal vez dos
dedos de hombres diferentes. Tal vez , algo mas…

Llegamos
al orgasmo al mismo tiempo.
Agradecemos la ayuda invaluable de nuestras
parejas amigas Alma y Alberto (aritau) y (olitomady). Que seria de nosotros sin
su apoyo.

Comentarios (0) Trackbacks (0)

Aún no hay comentarios.


Deja un comentario


Aún no hay trackbacks.